Clownti

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“Clownti” se siente muy solo y un poco triste por tal razón decide abrir la maleta de sus sueños. Es grande su sorpresa al darse cuenta que allí están todas las cosas bonitas que su padre se ponía para convertirse en el mejor payaso del circo: peluca, nariz, zapaticos grandes y bombachos… y, además, como en una cajita mágica, cada objeto que “Clownti” encontraba lo invitaba a descubrir y a jugar.

Después de mucho probar, finalmente, “Clownti” queda vestido de payaso, decidido a entrenar y aprender algunos números de circo. A pesar de la dificultad, de su torpeza, de sus caídas y del riesgo que corre, en el difícil arte de ser payaso; su corazón se llena de alegría. Primero, porque recuerda a su padre y lo siente cerca y segundo, porque jugando y riéndose de sus propias dificultades logra despertar la ternura en los otros y hacer muchos, pero muchos amigos.